Entrevista a Daniel Enrique Morisigue: cuando la belleza floral es sinónimo de mejoramiento. Parte I

Mejoramiento genético de plantas ornamentales: Las plantas no solo tienen valor alimenticio o medicinal, algunas nos aportan belleza sin igual. Son las denominadas plantas ornamentales, muchas de las cuales se cultivan, no solo para embellecer canteros o macetas, sino también como flores de corte, es decir para la confección de ramos y bouquets. Pero pocos saben que estas plantas también se pueden mejorar, dando origen a nuevas variedades. Para saber cómo es el manejo productivo e institucional del programa de mejoramiento vegetal de especies ornamentales, fuimos hasta el Instituto de Floricultura del INTA, en Castelar, para entrevistar a su director, Daniel Morisigue.


Ingeniero agrónomo Daniel Morisigue ¿qué es el Instituto de Floricultura?

Es un instituto que funciona dentro del Centro Nacional de Investigación Agropecuaria del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en Castelar, que se dedica a la investigación sobre temas de “floricultura” para promover su desarrollo, y obtener mejoras en la tecnología de producción y calidad de plantas que producen flores.

El Instituto ¿forma profesionales en floricultura?

Sí. El Instituto forma recursos humanos en Floricultura. Si queremos desarrollar un sector, a nivel tecnológico-productivo, necesitamos profesionales especializados. Actualmente gracias a las actividades del Instituto, existen más de 10 Facultades en todo el país donde se incluyen temas, o existen cátedras de Floricultura. En mi época de estudiante existía la materia, pero nunca la dictaban porque no había nadie que la pudiera llevar adelante.                       

¿Cómo está integrado el grupo de profesionales que forma parte del Instituto?

En el Instituto hay 17 profesionales, y tenemos dos grandes líneas de trabajo. Una está relacionada con la producción, y la otra con el desarrollo de variedades ornamentales a partir de especies nativas. Tenemos profesionales especializados en botánica, en mejoramiento propiamente dicho, en cultivos in vitro, en sanidad, en suelos, y en manejo de cultivo o fisiología.
 

  

¿Por qué desarrollaron proyectos de mejoramiento genético en plantas ornamentales?

El mejoramiento que hacemos es el clásico, por cruzamientos, pero a partir de especies nativas, y más que nada de especies nativas que no están presentes en el mercado. Desarrollamos un proyecto de mejoramiento, porque en la actualidad, Latinoamérica en general, y la Argentina en particular tienen mucha riqueza de especies nativas, que se podría aprovechar en la parte ornamental, y también con uso cosmético, medicinal, o alimento funcional.
 

¿Cuán importante es mejorar plantas ornamentales para la vida cotidiana?

Desde hace unos 20 años, se valora en el mundo el efecto de las flores y plantas en la vida humana. Investigaciones científicas en psicología, sociología y antropología han demostrado que las flores no son consideradas hoy como un producto de lujo, sino que está asociado a la calidad de vida, sobre todo en el desarrollo de los ambientes urbanos. Hoy hay un movimiento mundial, denominado “Ciudades Verdes” (Green Cities en inglés) donde se tiene en cuenta el espacio verde en las urbanizaciones porque mejora el entorno y genera un efecto positivo en la gente. Un buen ejemplo, en la Argentina, fue la experiencia de “rescatar” los bordes de la Cuenca Riachuelo-Matanza, donde había asentamientos precarios que fueron traslados. Esos lugares fueron luego recuperados como espacios verdes. Si uno tiene un baldío abandonado, la gente tira basura. Cuando ese mismo espacio se recupera, se lo mantiene, se hace un corredor verde, la comunidad se integra, y la gente defenderá ese espacio.
 

Derechos de propiedad intelectual: “El desarrollo de una nueva variedad lleva años de trabajo donde además del recurso genético involucrado hay desarrollo intelectual de conocimiento, y costos de materiales y equipos de investigación, entre otros”. Daniel Morisigue, Director del Instituto de Floricultura de INTA Castelar.

¿De qué especies ornamentales desarrollaron variedades?

Tenemos inscriptas en la Argentina (en el Instituto Nacional de Semillas) 17 variedades de siete géneros: Mecardonia, Calibrachoa, Nierembergia, Glandularia, Alstroemeria, Tecoma y Lapacho. En el caso del lapacho lo hemos hecho con el concepto de planta floral, como si fuese una azalea. Se planta en maceta, no es un bonsái. En el caso del lapacho hacemos un injerto y en cuatro meses está en flor. Un árbol de lapacho tarda entre siete y ocho años para florecer por primera vez. Como planta ornamental floral se puede tener en un patio o corredor, o en un ambiente interior con mucha luminosidad, incluso en el exterior. Acá afuera tenemos uno que pasó todo el invierno sin problemas.          

Ustedes han logrado variedades a partir de especies autóctonas o nativas ¿qué características buscan en ellas para que ingresen al programa de mejoramiento de plantas ornamentales?

Hay especies nativas que tienen una aplicación ornamental directa. Es decir, para que tenga aplicación ornamental, si es planta de maceta, tiene que ser compacta, es decir que no sea rala o estirada. Además tiene que ser una planta con flores y tener un crecimiento restringido que acompañe el diseño paisajístico sin convertirse en una maleza o planta invasora. Otras características a tener en cuenta son la duración de la flor, el tamaño, el color y la arquitectura de la planta. En el caso de flores de corte, la clave es la duración en el florero. Uno puede tener una “rosa negra”, pero si dura poco luego del corte, no sirve, no tendrá valor de mercado.

¿Cuáles son los pasos que se siguen para registrar una nueva variedad? ¿Por qué las registran?

Una nueva variedad se registra por dos motivos: para poder comercializarla y para tener la propiedad intelectual de la misma. En nuestro país hay dos tipos de registro. Uno puede registrar el cultivar (nueva variedad) y también tener la propiedad de esa variedad (derecho de obtentor). De esta última forma, se maneja en el mercado mundial. Los pasos son, una vez que tenemos una especie recolectada de la naturaleza, a la cual mejoramos para obtener una variedad, vamos al Instituto Nacional de Semillas (INASE) y llenamos unas planillas con datos técnicos. Debemos demostrar que nuestra variedad es única y diferente a otras ya conocidas. Por ejemplo, no se puede inscribir una especie obtenida directamente de la naturaleza, hay que hacer una domesticación previa de la planta, un mejoramiento. En nuestro caso, además, el desarrollo de variedades, ayuda a la conservación de la biodiversidad, evitamos que se extingan especies.

Hay nichos de mercado para plantas ornamentales. Se puede mirar el mercado internacional y también el local. Lo cuenta Daniel Morisigue, Director del Instituto de Floricultura de INTA Castelar.

¿Existe otra modalidad de inscripción de especies ornamentales?

Sí. En otros países inscribimos variedades a través de empresas con las que tenemos convenios, a las cuales les cedemos los derechos. Con nuestra autorización, las registran y después nos pagan regalías. La mitad de las mismas las recibe el Instituto, y la otra mitad las provincias donde fueron recolectadas, ya que las provincias son las dueñas de los recursos. Un ejemplo de esto, es Misiones, provincia con la que firmamos el primer convenio hace 10 años y seguimos trabajando. No es la única, ya que colectamos plantas con flores en siete u ocho provincias más, con las cuales también tenemos convenios.

¿Ustedes tienen en cuenta el tratado de Nagoya para el uso de los recursos genéticos? ¿Con quién comparten las regalías?

Sí. Nosotros somos un ejemplo de aplicación del Protocolo de Nagoya y también un ejemplo del respeto de las regalías. En ese sentido la UPOV, que es la Unión Internacional para la Protección de Obtenciones Vegetales, hace dos años nos financió un video institucional (https://www.youtube.com/watch?v=Db68Q_ODQHo) . En la Argentina, Mecardonia es el primer caso concreto de una especie nativa que mediante convenio con una provincia se obtiene una variedad, se inscribe y, se comercializa en el mundo. La empresa privada que la comercializa paga regalías, al INTA y a la provincia, en este caso Misiones.

¿Cuántos años lleva tener esa variedad en el mercado?

El mejoramiento desde planta nativa a variedad mejorada nos lleva entre cinco y seis años. En algunas especies lo hemos logrado en solo tres años. Es el caso de la Mecardonia, una planta con flores amarillas, muy compacta, con gran cantidad de flores, muy rústica y que crece en verano y a pleno sol. La empresa japonesa Sakata, con la que hicimos nuestro primer convenio, tiene la exclusividad de comercialización en Japón, Estados Unidos, Canadá y Europa.

¿Es cierto que la Argentina paga derechos de propiedad intelectual por variedades desarrolladas a partir de especies recolectadas en nuestro país?

Hace más de 40 años, los holandeses se llevaron de nuestro país, el amancay, una flor de corte, lo mejoraron y generaron variedades. Hoy, si un productor argentino quiere producirlo debe pagar regalías. Otro ejemplo es el de la Glandularia, una planta ornamental originaria de Argentina. Es una especie que empresas japonesas, estadounidenses y europeas se llevaron hace 40 o 50 años, hicieron el desarrollo de mejoramiento y ahora nos cobran regalías a nosotros.

Registro de una nueva variedad. “La inicia el mejorador quien debe demostrar el diferencial que tiene esa variedad de la ya existente en el mercado o en la naturaleza”. Daniel Morisigue, Director del Instituto de Floricultura de INTA Castelar.
 

¿Cómo se puede evitar esto?

Hoy cada país ha establecido los marcos legales para regular y legislar sobre el acceso a un recurso genético. En el caso de la Argentina, las reglamentaciones las establece la Constitución Nacional, que dice que los recursos naturales les pertenecen a las provincias. Como consecuencia de estas legislaciones surge el Protocolo de Nagoya, por ejemplo. En la década del 90 se comenzó a estudiar, entre todos los países, cómo manejar el acceso y el uso equitativo de los recursos genéticos. De allí surgió el Convenio de Biodiversidad y la UPOV, y se decidió que los recursos eran de los países.

En la práctica ¿cómo se cobran esas regalías?

Firmamos un convenio con empresas, según el cual nos hacen un reporte anual de cantidades vendidas de las variedades que le transferimos nosotros, o de la variedad desarrollada por ellos con nuestra autorización, y por eso nos pagan un porcentaje de regalías. Son grandes empresas que respetan los convenios comerciales. Esto lo estamos haciendo con dos empresas de Japón y dos de los Estados Unidos.
 

¿Cuál es su opinión sobre el cobro de derechos de propiedad intelectual?

Estoy de acuerdo con el pago de regalías en nuestro rubro de plantas ornamentales. El desarrollo de una nueva variedad lleva años de trabajo donde además del recurso genético involucrado hay desarrollo intelectual de los mejoradores, y costos de materiales y equipos de investigación, entre otros. Eso permite el crecimiento de toda la industria agropecuaria. Hoy los productores de flores saben de las ventajas que tiene trabajar una variedad, pero también las empresas ornamentales deben registrar el uso de una variedad para poder firmar un contrato con el productor. En la Argentina, todavía falta “madurar” estos temas de inscripciones y del pago de regalías. Son más temas culturales que económicos.

¿Es importante el mercado de plantas ornamentales en nuestro país?

Les voy a contar un ejemplo. En las estadísticas económicas de la provincia de Corrientes incluyeron la producción de plantas ornamentales y de flores de corte. El resultado, para el período 2003-2011, del valor bruto de la producción de flores y plantas ornamentales fue mayor que el de té, yerba mate y tabaco sumados. Yo mismo me asombré cuando vi los datos del INDEC de Corrientes. Además, la rentabilidad por metro cuadrado es mayor que otros cultivos y se emplea más mano de obra por hectárea que en cultivos tradicionales. Otro ejemplo: en la crisis de los 90, en Mendoza, algunos pequeños vitivinicultores, que tenían menos de 25 hectáreas, se “pasaron” a la floricultura. Hoy esos productores siguen y son más de 100 entre flores de corte y macetas con ornamentales. Hay cinco cooperativas y una asociación.
 

¿Cuál es el futuro de la floricultura en la Argentina?

En la Argentina, a nivel agronómico, los cultivos tradicionales siguen siendo muy fuertes. Sería bueno, que también las nuevas alternativas, como la de las plantas ornamentales, tengan otro grado de desarrollo y de visibilidad, y un mayor grado de avance a nivel económico. Nuestra experiencia en el Instituto, que cumple 15 años, es que las provincias que le dieron visibilidad a la floricultura han logado un alto impacto productivo. Además todos los años encontramos nuevas especies nativas ornamentales. Así, hace dos años, descubrimos una nueva especie de petunia que tiene atributos que podrían darle valor en un futuro cercano a las variedades ya existentes. Es una petunia novedosa en forma y color, con mayor floración y duración de sus flores. La encontramos en la provincia de Corrientes, un verdadero paraíso en cuanto a recursos genéticos se refiere.

 


Momento de definiciones

Plantas nativas argentinas. Son especies de plantas silvestres que han crecido en la naturaleza, previas a la civilización moderna. Han evolucionado para crecer y florecer a partir de condiciones climáticas y de suelo particulares de un lugar específico. En este caso, originarias de la Argentina.

Variedades de plantas ornamentales. Son todas aquellas variedades resultado de un programa de fitomejoramiento. Son desarrolladas para su uso en jardines, diseños paisajísticos, adorno, como planta de interiores o como flores de corte. Su cultivo se denomina floricultura.

Protocolo de Nagoya. Es un acuerdo internacional sobre acceso a los recursos genéticos y la participación justa y equitativa en los beneficios derivados de su utilización, que se inscribe bajo la órbita del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB). Fue adoptado en Nagoya (Japón) para contribuir a la conservación y utilización sostenible de la diversidad biológica y se aplica a los recursos genéticos que están cubiertos por el CDB, a los conocimientos tradicionales asociados a los recursos genéticos y a los beneficios derivados de su utilización. Argentina lo aprobó por la Ley 27.246 y asumió el compromiso de cumplir con las obligaciones que se desprenden del mismo. Actualmente se está desarrollando el proyecto PNUD ARG/16/G54 que promueve la aplicación del Protocolo de Nagoya en Argentina, siendo la Secretaría de Gobierno de Ambiente y Desarrollo Sustentable el punto focal de aplicación. 

Unión Internacional para la Protección de Obtenciones Vegetales (UPOV). Organización intergubernamental que tiene como objetivo proporcionar y fomentar un sistema eficaz para la protección de las variedades vegetales con miras al desarrollo de obtenciones vegetales en beneficio de la sociedad.

Instituto Nacional de Semillas (INASE). Es el órgano de aplicación de la Ley de Semillas, con el objetivo de promover una eficiente actividad de producción y comercialización de semillas, asegurar al productor agrario la identidad y calidad de la semilla que adquiere y proteger la propiedad de las creaciones fitogenéticas.


El trabajo con las provincias argentinas en el desarrollo de una nueva variedad de flores. ¡Un trabajo en equipo! El caso de Misiones. Lo cuenta Daniel Morisigue, Director del Instituto de Floricultura de INTA Castelar.

 

Daniel Morisigue proviene de una familia de productores de flores. Es Ingeniero Agrónomo de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y desde hace cuatro años es el director del Instituto de Floricultura del INTA-Castelar. Fue coordinador de los Proyectos Nacionales de Investigación en Floricultura del INTA y trabajó como responsable en floricultura en la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA, por sus siglas en inglés), un centro experimental del gobierno de Japón, que firmó un convenio con el INTA en 1999 para el desarrollo de las plantas ornamentales en la Argentina y que dio nacimiento, en 2004, al actual Instituto de Floricultura.